Esta magistral y arrebatada ópera de Tchaikovski, la única obra rusa de repertorio célebre compuesta en Moscú, se ha representado en el Teatro Real de Madrid los días  7 al 12 de septiembre por la compañía del Bolshoi. 

La producción le fue encargada a Dmitri Tcherniakov en el 2006 por Valery Gerviev.  Con ella se interrumpían más de sesenta años de tradición, por lo que fue recibida por un sector de los aficionados  como un ataque al arte ruso más sagrado. La legendaria cantante Galina Vishnevskaya, viuda de Rostropovich, que había interpretado el papel de Tatiana en el Bolshoi, en numerosas ocasiones, llegó a calificar la nueva propuesta de vandálica.

Posteriormente, la producción ha viajado a Beijing, Milan, Tokyo, Londres y París, donde, en líneas generales, ha sido bien recibida por el público, a pesar de la desigual calidad de las voces que se alternan en los repartos.

Contribuye  a dotar de convicción a la meditada propuesta de Tcherniakov, el  magnífico vestuario diseñado por Maria Danilova y una iluminación atmosférica, cambiante y de gran belleza -sin duda la baza visual más poderosa del conjunto-  de la que es responsable Gleb Filchtinsky.

En esta puesta en escena chejoviana -el Chéjov que “va de un sentimiento a otro antes de que sea expresado” del que hablaba Peter Brook-  los hallazgos teatrales se conjugan con una concienzuda dirección de actores.

El enfoque deja al descubierto, sin ambages, la honda fractura emocional que recorre a los personajes, aunque se eche en falta algo más de contención.

Vídeo de la conferencia de José Luis Téllez sobre la ópera (click)

Crítica de Alberto González Lapuente en la prensa (click)

Gérard Mortier opina sobre sobre la  producción en París (click)

Crónica recomendada: Utopía y desencanto (click)

Referentes culturales de la puesta en escena:

Los Actos I y II se desarrollan en el interior del  comedor de la casa de los Larin, en la Rusia  prerrevolucionaria. Predominan los tonos claros y terrosos tanto en los sólidos muebles de nobleza rústica como en los sencillos pero elegantes vestidos. La calidad poética de la luz  recuerda algunas películas del cineasta ruso Andrei Tarkowski y de su compatriota Aleksandr Sokurov.

"Sacrificio" dirigida por Andrei Tarkovski en 1987.

La sala  soleada, la pequeña y robusta alacena, los manteles bordados, la vajilla de cerámica antigua, las texturas de la madera desgastada pero noble, evocan la nostalgia del alma rusa por la vida campesina, ordenada y en paz.

El Acto III, también tiene lugar en un comedor con una gran mesa, pero la época y la atmósfera  han cambiado radicalmente. Los peinados y recargados vestidos nos trasladan a los años 50. Un interior lujoso y axfisiante donde se alternan el rojo, que hace presentir un desenlace trágico, y un blanco frío y refulgente. Es difícil no recordar la utilización que de ese mismo binomio cromático hizo Bergman en Gritos y susurros (1972):

 

Sin embargo el simbolismo de este salón despojado de cualquier tipo de ensoñación, es muy diferente al de los interiores de Bergman. En el ostentoso comedor del Palacio Gremin, las joyas relumbrantes, los pretenciosos vestidos, los gestos de vacía complacencia,  son la metáfora exacta de la artificiosidad de las convenciones sociales. 

El significado de la omnipresente mesa oval en los tres actos, ha sido explicado por Tcherniakov en la entrevista que se recoge en el número 01 de La Revista del Real:

“Lo que caracteriza al mundo ruso está relacionado con el espíritu de convivencia. Por esto es por lo que una gran mesa oval ocupa un lugar predominante en mi propuesta escénica. Las personas están alrededor de esta mesa y forman un retrato de grupo en una sociedad normativa; familiares los unos de los otros porque se conocen, pero distantes porque no se comprenden”.

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Antonio del Moral ha sido, desde 2005 hasta septiembre de 2010, director artístico del Teatro Real de Madrid. Su predecesor en el cargo fue Emilio Sagi. El belga Gérard Mortier será el encargado de relevarle.

Aunque procede de una familia con gran tradición musical, empezó estudiando Medicina. Ha escrito numerosas críticas musicales en prensa. En 1985 fundó la prestigiosa revista “Scherzo” que dirigió hasta el 2001.

Es fundador del Festival Mozart de Madrid y ha dirigido también el de la Coruña, asi como la Semana de Música Religiosa de Cuenca.  Asesor musical de la Fundación Caja Madrid  ha programado numerosos ciclos de  conciertos que han tenido una gran resonancia en la vida cultural española. Entre otras muchas actividades, que hacen que sea bien conocido fuera de nuestro país, es miembro del Comité del Concurso de Piano Umberto Micheli de Milán, impulsado por Maurizio Pollini, Pierre Boulez y Luciano Berio.

En julio de 2010 ha sido nombrado director del recién creado Centro Nacional de Difusión Musical (CNDM) que aúna las competencias de programación y gestión musical del Auditorio Nacional de Música, las del Centro para la Difusión de la Música Contemporánea (CDMC) y las del Centro de las Artes Escénicas y de las Músicas Históricas de León.

De su gestión en el Teatro Real, muy valorada en los circuitos internacionales por su coherencia e innovación, el propio Antonio del Moral ha destacado, en una entrevista concedida a S. Gaviña (ABC, 15/07/2010), las óperas, que a su juicio son las mejores entre las que ha programado:

Diálogo de Carmelitas, 2006. Director de escena: Robert Carsen 

Ariadne auf Naxos, 2006. Director de escena: Christof Loy

Crónica recomendada: “Fusión de altura”

El triunfo del Tiempo y del Desengaño, 2008. Director: Jünger Flimm

Crónica recomendada: “Entre Placer y Desengaño”

Tristan und Isolda, 2008.  Director de escena: Lluis Pasqual

 

Crónica recomendada: “Tristan en los tiempos del cólera”

Tamerlano, 2008. Director de escena: Graham Vick

 

Katia Kabanova, 2008. Director de escena: Robert Carsen

Crónica recomendada: “Aguas que purifican”

Jenufa, 2009. Director de escena: Stéphane Braunschweig

Crónica recomendada: “El recuerdo más amargo”

Salome, 2010. Director de escena: Robert Carsen

Crónica recomendada:  “Salomé en el espejo”

La ciudad muerta, 2010. Director de escena: Willy Decker.

Del 17 al 29 de julio se representó en el Teatro Real de Madrid, “Simon Boccanegra”, una sombría y vibrante ópera de Giuseppe Verdi. La dirección de escena corrió a cargo del regista veneciano Giancarlo del Monaco, mientras que la escenografía y el vestuario eran de Michael Scott y la iluminación de  Wolfgang von Zoubek.

La producción fue la misma que vino a Madrid en 2002 si bien presentaba algunas variantes, sobre todo en la tonalidad, ya que se habían aclarado los elementos arquitectónicos.  Se trata de una propuesta fría y severa que remite a un mundo atemporal de resonancias clásicas. La escala monumental con que se ha vestido el escenario del Real  resta protagonismo al drama humano, al igual que la iluminación, demasiado monótona para una ópera que clama por un tratamiento más matizado que acompañe a la acción narrativa.

 

 

Tampoco acierta Del Monaco, al reaprovechar unas filmaciones de bajísima calidad  de un mar repetitivo, sin poder evocador alguno.  Lo que sí es aceptable  es el vestuario ya que aunque no ayude a diferenciar con claridad a los personajes,  al menos,  tanto en texturas como en gama cromática es intachable.

A continuación señalamos algunas influencias de una puesta en escena más antigua pero también más paradigmática: la que realizó Del Monaco, con el escenógrafo Michael Scott, para el Metropolitan Opera House de Nueva York (Met) en 1995.

Referentes culturales de la puesta en escena del Met de 1995:

Aunque el libreto de Francisco Maria Piave y Arrigo Boito, sitúa la acción en la Génova del siglo XIV, esta producción está inspirada en Venecia: la atmósfera cromática es tizianesca, las estancias recuerdan el Palazzo Ducale y el vestuario es una cita, casi literal, de algunos cuadros que se conservan en ese Palacio.

Como ejemplo véase el “Retrato del Dogo Pietro Doredan”  del famoso pintor veneciano Palma el joven, fechado en 1595,  que fue realizado para la Sala del senado del Palazzo:

 

Abajo, otra  imagen de la producción de 1995. La escena, según el libreto tiene lugar en el Palacio Grimaldi, la sede de gobierno de los dux de la república marítima de Génova, pero Giancarlo del Mónaco prefirió inspirarse en el Palazzo Ducale de Venecia:

En la imagen inferior vemos el  frente este de la Sala de Gobierno del Palazzo Ducale, donde los dogos venecianos impartían justicia y se elegía a los miembros de las magistraturas. La sillería rematada en frontón debió ser el punto de partida del diseño del escenógrafo, Michael Scott, al igual que la pintura de la pared, que como es sabido, le fue encargada a Tintoretto, que tenía ya por entonces setenta años. Se trata de un gran óleo sobre lienzo, encastrado en la pared, que representa el paraíso en círculos concéntricos. Fue pintado hacia 1588 y es una de las glorias de Venecia, además de ser uno de los lienzos más grandes del mundo:

Para la producción de 1995, se simplificó el abigarrado grupo de santos y de ángeles pero se conservó la disposición circular de las figuras. Michael Scott debió tomar como modelo el boceto de la pintura que hizo Tintoretto y que hoy custodia el Museo del Louvre:

Plácido Domingo, que en 1995 interpretó a  Gabriele de Adorno, otro de los protagonistas de la ópera, fue el corsario Boccanegra en diversas reposiciones de esa producción que ya se considera histórica en el Metropolitan:

Los que prefieran una puesta en escena más sobria y menos historicista, quizá estén interesados en la producción que para la Royal Opera House ha planteado en este mes de julio de 2010 el director australiano nacido en Shanghai, e hijo de judíos rusos, Elijah Moshinsky. Se trata de una reposición de la propuesta que presentó Moshinsky en 1991. En el vídeo Plácido Domingo en el papel de Boccanegra y María Poplavskaya en el de Amelia Grimaldi:

Por último, veamos la misma escena en una representación referencial, la que dirigió el  gran Giorgio Strehler en el Teatro alla Scala en 1978.  Interpreta a  Bocanegra, el  barítono verdiano Piero Cappuccilli y a Amelia Grimaldi, la soprano italiana Mirella Freni.  A la batuta Claudio Abbado:

 

“La ciudad muerta”, la visionaria ópera que  Erich Wolfgang Korngold compuso cuando sólo tenía 23 años pudo verse en el Teatro Real de Madrid desde el 14 al 30 de junio de 2010. La producción es la misma que la que se realizó para el Festival de Salzburgo en el 2004 y que luego viajó a Viena, Barcelona,  Amsterdam y Londres.

Se trata de uno de los montajes de Willy Decker mejor recibidos por la crítica. La escenografía y figurines son de  Wolfgang Gussmann uno de sus colaboradores más asiduos. La iluminación corre a cargo de Wolfgang Göbbel y el coreógrafo es  Marco Berriel. Para la reposición de esta puesta en escena  en Madrid, se ha contado con la dirección de la realizadora  Karin Voykowitsch.

Referentes culturales de la puesta en escena:

Utilizar la distorsión espacial para expresar un estado de angustioso ensueño es un recurso formal que ya Max Reinhardt  había empleado en el teatro en las primera décadas del siglo XX. El  cine expresionista alemán, siguiendo su inspiración, había torcido suelos y  paredes logrando transmitir así, con una potencia desconocida hasta entonces, los estados más febriles y atormentados por los que puede transitar un ser humano. El ejemplo más paradigmático es sin duda la asombrosa y aún hoy impactante película conocida como “El gabinete del doctor Caligari” (1920) de Robert Wiene.

Las pequeñas casas de paredes angulosas y deformadas  que aparecen en el Cuadro II de la ópera y que representan la ciudad de Brujas también recuerdan la distorsión y la iluminación muy contrastada de la película, que curiosamente fue estrenada el mismo año que “Die tote Stadt”. Esas casas diminutas y fantasmales con su movimiento deslizante son uno de los elementos más hipnóticos de la producción de Decker.