Simon Boccanegra, Teatro Real, 2010

11 julio, 2010

Del 17 al 29 de julio se representó en el Teatro Real de Madrid, “Simon Boccanegra”, una sombría y vibrante ópera de Giuseppe Verdi. La dirección de escena corrió a cargo del regista veneciano Giancarlo del Monaco, mientras que la escenografía y el vestuario eran de Michael Scott y la iluminación de  Wolfgang von Zoubek.

La producción fue la misma que vino a Madrid en 2002 si bien presentaba algunas variantes, sobre todo en la tonalidad, ya que se habían aclarado los elementos arquitectónicos.  Se trata de una propuesta fría y severa que remite a un mundo atemporal de resonancias clásicas. La escala monumental con que se ha vestido el escenario del Real  resta protagonismo al drama humano, al igual que la iluminación, demasiado monótona para una ópera que clama por un tratamiento más matizado que acompañe a la acción narrativa.

 

 

Tampoco acierta Del Monaco, al reaprovechar unas filmaciones de bajísima calidad  de un mar repetitivo, sin poder evocador alguno.  Lo que sí es aceptable  es el vestuario ya que aunque no ayude a diferenciar con claridad a los personajes,  al menos,  tanto en texturas como en gama cromática es intachable.

A continuación señalamos algunas influencias de una puesta en escena más antigua pero también más paradigmática: la que realizó Del Monaco, con el escenógrafo Michael Scott, para el Metropolitan Opera House de Nueva York (Met) en 1995.

Referentes culturales de la puesta en escena del Met de 1995:

Aunque el libreto de Francisco Maria Piave y Arrigo Boito, sitúa la acción en la Génova del siglo XIV, esta producción está inspirada en Venecia: la atmósfera cromática es tizianesca, las estancias recuerdan el Palazzo Ducale y el vestuario es una cita, casi literal, de algunos cuadros que se conservan en ese Palacio.

Como ejemplo véase el “Retrato del Dogo Pietro Doredan”  del famoso pintor veneciano Palma el joven, fechado en 1595,  que fue realizado para la Sala del senado del Palazzo:

 

Abajo, otra  imagen de la producción de 1995. La escena, según el libreto tiene lugar en el Palacio Grimaldi, la sede de gobierno de los dux de la república marítima de Génova, pero Giancarlo del Mónaco prefirió inspirarse en el Palazzo Ducale de Venecia:

En la imagen inferior vemos el  frente este de la Sala de Gobierno del Palazzo Ducale, donde los dogos venecianos impartían justicia y se elegía a los miembros de las magistraturas. La sillería rematada en frontón debió ser el punto de partida del diseño del escenógrafo, Michael Scott, al igual que la pintura de la pared, que como es sabido, le fue encargada a Tintoretto, que tenía ya por entonces setenta años. Se trata de un gran óleo sobre lienzo, encastrado en la pared, que representa el paraíso en círculos concéntricos. Fue pintado hacia 1588 y es una de las glorias de Venecia, además de ser uno de los lienzos más grandes del mundo:

Para la producción de 1995, se simplificó el abigarrado grupo de santos y de ángeles pero se conservó la disposición circular de las figuras. Michael Scott debió tomar como modelo el boceto de la pintura que hizo Tintoretto y que hoy custodia el Museo del Louvre:

Plácido Domingo, que en 1995 interpretó a  Gabriele de Adorno, otro de los protagonistas de la ópera, fue el corsario Boccanegra en diversas reposiciones de esa producción que ya se considera histórica en el Metropolitan:

Los que prefieran una puesta en escena más sobria y menos historicista, quizá estén interesados en la producción que para la Royal Opera House ha planteado en este mes de julio de 2010 el director australiano nacido en Shanghai, e hijo de judíos rusos, Elijah Moshinsky. Se trata de una reposición de la propuesta que presentó Moshinsky en 1991. En el vídeo Plácido Domingo en el papel de Boccanegra y María Poplavskaya en el de Amelia Grimaldi:

Por último, veamos la misma escena en una representación referencial, la que dirigió el  gran Giorgio Strehler en el Teatro alla Scala en 1978.  Interpreta a  Bocanegra, el  barítono verdiano Piero Cappuccilli y a Amelia Grimaldi, la soprano italiana Mirella Freni.  A la batuta Claudio Abbado:

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