Herbert Graf

19 junio, 2010

Herbert Graf fue un legendario director de ópera austriaco, el primero que conscientemente hizo de ese trabajo una profesión. Era hijo de Max Graf importante crítico musical y un formidable erudito miembro del círculo íntimo de  Freud. Herbert nació en Viena en 1903 y murió en 1973. Durante su infancia conoció a Gustav Mahler, que fue su padrino, a Richard Strauss, Arnold Schöenberg, al pintor Oskar Kokoschka y también al arquitecto Adolf Loos, todos ellos amigos de su padre y visitantes asiduos de su casa.

De pequeño montaba maquetas de representaciones teatrales y asistía a la ópera después del intermedio con la entrada de su padre que a veces sólo con la primera parte de la representación tenía suficiente para escribir la reseña crítica.

Después de asistir a las mágicas representaciones teatrales de Max Reinhardt se decidió a ser director de ópera. Su padre no se opuso aunque tampoco le alentó. Al no exitir esa  carrera  tuvo que formarse por su cuenta y decidió para ello asistir a tres centros distintos. En la Escuela de Artes y Oficios estudió escenografía con Alfred Roller quien junto con Mahler fue el artífice de la renovación de las representaciones operísticas de Viena. En la Universidad de la capital austriaca, hizo una tesis sobre  Wagner y la dirección de escena (Richard Wagner als Regisseur) que tuvo muy buena acogida entre sus herederos quienes en agradecimiento lo invitaron al Festival de Bayreuth al palco familiar. Por último estudió Armonía y Canto en la Academia de Música de Viena.

En 1930, y con sólo 22 años, dirigió su primera ópera en Frankfurt. Con la llegada de los nazis al poder, y debido a sus orígenes judíos, decidió emigrar a Estados Unidos, donde se convirtió en un aclamado director de ópera trabajando incansablemente en la Metropolitan Opera de Nueva York , desde 1936 hasta finales de 1960. Durante esos años manifestó un inquebrantable sentido de la tradición que conjugaba con la dedicación más generosa a los nuevos talentos.

En la década de los 50, comienza a viajar a Europa para dirigir un gran número de óperas en Londres, Suiza, Génova y Salzburgo. Algunas son consideradas hoy una leyenda como el Don Giovanni que dirigió Furtwängler, o la Die Zauberflöte que tuvo a Georg Solti a la batuta y que fue representada con diseños del pintor Oskar Kokoschka. En Italia, dirigió  Les vêpres siciliennes y Mefistofele, producciones ambas en las que trabajó con María Callas a la que admiraba profundamente, al igual que a Lotte Lehmann, Kirsten Flagstad, o Lauritz Melchior, por “su habilidad  para cantar con sentido”, según declaró en la entrevista que le concedió a Francis Rizzo en 1972 y que fue publicada en varios números consecutivos de Opera News con el título “Memorias de un hombre invisible”.

Su nombre es muy conocido entre los estudiosos del psicoanálisis ya que él es el pequeño Hans que estudió Freud en 1909 en el  Análisis de la fobia de un niño de cinco años.

Escribió varios libros dedicados a la ópera:  The Opera and its Future in America (New York, W. W. Norton, 1941), Opera for the People, (Minneapolis, University of Minnesota Press, 1951) y  Producing Opera for America, (Zurich y New York, Atlantis Books, 1961).

Producciones destacadas:

Der Rosenkavalier, Met, 1949

Otello, Salzburgo, 1951

Le nozze di Figaro, Salzburgo, 1952

Anuncios